¿A qué nos referimos los médicos con eso de beber líquidos?

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Cada vez es más frecuente cuando vas al médico que te mande beber líquidos como complemento de la cura e, incluso, como terapia principal. Es una buena norma de salud y una alternativa económica a otros tratamientos innecesarios y con evidentes efectos secundarios. Para un catarro, paracetamol y líquidos; para una diarrea, líquidos; vómitos, líquidos poco a poco; tos seca, líquidos; tos húmeda, más líquidos; acaloramiento, también líquidos. Todo se soluciona bebiendo, hasta los problemas. Siempre se ha dicho que el borracho bebe para olvidar que bebe.

Pero no mezclemos, que no es bueno. ¿A qué nos referimos los médicos con eso de beber líquidos? Está superado eso de recomendar vino o cerveza porque son beneficiosos. ¡Ojo!, tienen alcohol, y el alcohol no es bueno. Nos referimos al agua fresca o del tiempo, según gustos, incluso esa caliente que se toma en los balnearios, pero agua.

Los niños deben tomar muchos líquidos. Un bebé se pasa seis meses tomando solo agua con un disuelto de grasas y proteínas que llamamos leche materna, pero agua en un 90%. Por lo tanto, no parece necesario ofrecer más agua a un lactante. Con la teta tiene suficiente para hidratarse y para alimentarse, incluso en verano. Otra cosa es que le ofrezcamos agua para refrescarse en algún momento en vez de teta a treinta y tantos grados, pero falta no le hace.

Además, el niño un poco más mayor tomará en su alimentación complementaria veraniega otros productos que también tienen líquido en su composición, sobre todo las frutas, en forma de zumos y también enteras. Todas tienen agua, no solo los cítricos que ahora escasean. La más visible, la sandía o el melón de agua, como la llaman los ingleses; y otras como las ciruelas, peras (de agua), tomates, etcétera…

La fruta es de hecho un aporte muy interesante no solo de vitaminas, sino también de hidratación para el peque, pero estoy hablando de fruta de esa que se da en los árboles o en tierra, no de la que florece en el súper en forma de tetrabriks, que habrán visto la fruta de lejos y tienen un composición altísima de azúcar. ¿Habéis visto que ponen 100% natural? Claro, no llevan plástico, pero ¿es que el azúcar no es natural? Otros están hechos a base del barato zumo de uva muy azucarado, con colorantes y saborizantes, para que parezcan otra cosa, también natural. El problema de la obesidad infantil es el azúcar, no las grasas. Los niños deben tomar grasas, la leche materna es la más grasa de todas, el cerebro es grasa pura, de lo que se come se cría, que dice el dicho.

Los zumos y bebidas gaseosas azucaradas no quitan la sed por mucho que bebas, al contrario que el agua. El azúcar que llevan crea adicción y provoca que quieras beber más, que necesites beber más. Sacia y quita el apetito, por lo que el peque comerá menos comida sana ya que está saciado. Debe comer con agua, y calmar la sed con agua.

Hasta aquí todo parece obvio: no hay mejor líquido en verano que el agua, pero ¿cuánta?

Si hacemos caso al médico, al farmacéutico, a la vecina, a la tele y a Mariló Montero, tendremos que, sumando a todos, beber no menos de cinco litros diarios. Unido a las cinco frutas diarias y a las otras recomendaciones, no nos da el día. Algún freno habrá que poner.

Beber sin tener sed es innecesario, beber dos litros o más al día puede ser perjudicial, beber excesivamente en los pequeños puede también ser nefasto para sus riñones. Aparte de estar todo el día orinando, el riñón puede llegar a sufrir por el exceso de líquidos. Hidratarse sí, pero no aguachinarse.

La potomanía o manía de beber excesivamente, o lo que es tan frecuente, ir con la botella de agua a todas partes, no deja de ser una moda, una tontada como otras. Innecesaria de todo punto y que hace que el peque ingiera un exceso que no le beneficia. Una moda inducida por las marcas de envasadoras, que ofrecen de nuevo agua con exceso de azúcares y saborizantes mientras predican lo bueno que es mantenerse hidratado. Y ojo, que muchas marcas son diuréticas, “para limpiar el riñón de impurezas”. Cuidado porque pueden bajar la tensión y crear más problemas.

Los niños sudan y pierden líquidos, con el calor tendremos que estar atentos a sus necesidades hídricas, pero los niños también tienen sed. El bebé llora y demanda teta para saciar su sed; el mayor se muestra inquieto y pide «aba»; el más mayor exige sus necesidades cuando lo precisa y los padres nos acercamos al chiringuito a por una caña bien fresquita. Si estás de tapeo, invita a tu hijo a media fanta, pero para la sed… agua.

Fuente: elpais.com