Entender la hemodiálisis

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Durante el tiempo que uno tiene en estos afanes médicos conoce muchos casos. Unos escapan a los recursos, pero hay otros que son imposibles de olvidar. Entre los tantos que quedan en mi memoria, hay uno de una jovencita que siempre traigo a colación. Cuando fue a mi consulta no tenía idea de qué iba a hacer allí. Preguntó por una fístula, pero sin el más mínimo conocimiento de que ese concepto que no conocía, era lo que necesitaba para sobrevivir, y eso no admitía demoras ni protocolos.

Fue referida por su nefrólogo para una evaluación prequirúrgica que decidiría en cuál de las venas de sus brazos era posible realizar este procedimiento quirúrgico vascular que, aunque pequeño, es delicado y minucioso en el quirófano por la naturaleza de su utilización como acceso vascular para la hemodiálisis.

Tampoco entendía cómo una pequeña operación en un brazo podría ayudarle a tratar su insuficiencia renal crónica de reciente descubrimiento, pero que venía afectando poco a poco su salud desde hacía meses o quizás años.

Le expliqué que el riñón artificial o máquina de hemodiálisis que se usa en este tratamiento, requiere que su sangre circulante pase por un filtro a una velocidad promedio de 250 mililitros (cc) por minuto. O sea, un cuarto de litro. Cada cuatro (4) minutos sale y entra a su circulación un litro de sangre. Como el promedio de nuestro volumen sanguíneo en un adulto es de cinco (5) litros, cada veinte (20) minutos, el equivalente de toda nuestra sangre sale, pasa por el filtro y retorna a nuestro cuerpo. Lo que resulta que en una (1) hora de hemodiálisis esos 5 litros se filtran 3 veces. La hemodiálisis promedio se realiza en 3 horas y media, lo que al final resulta es que, se ha filtrado unas 10 veces todo el volumen de la sangre que tenemos.

Todo esto para que esa diminuta membrana capilar que forma una madeja de filtros elimine las sustancias tóxicas que continuamente produce nuestro organismo, y equilibre la cantidad de agua, sales y sustancias ácidas que están acumulándose en la sangre por causa del fallo funcional de los riñones y que, de persistir este estado, nos llevaría a la muerte. Pero como no tenemos ninguna vena superficial que pueda mover ni cerca de ese volumen, la cirugía provee la posibilidad de conectar una de nuestras 3 venas más visibles del brazo a una de las arterias, la cual con el impulso de la presión arterial transfiere a esa vena el flujo sanguíneo necesario para que se pueda efectuar la hemodiálisis con solo canalizar esa vena que por su conexión con la arteria se ha convertido en una fístula arterio-venosa. No obstante, esta no podrá ser utilizada hasta unas 6 semanas después, por lo que si el paciente necesita diálisis inmediata, tenemos que recurrir a otra modalidad de acceso vascular de emergencia. Durante el tiempo que uno tiene en estos afanes médicos conoce muchos casos. Unos escapan a los recursos, pero hay otros que son imposibles de olvidar. Entre los tantos que quedan en mi memoria, hay uno de una jovencita que siempre traigo a colación. Cuando fue a mi consulta no tenía idea de qué iba a hacer allí. Preguntó por una fístula, pero sin el más mínimo conocimiento de que ese concepto que no conocía, era lo que necesitaba para sobrevivir, y eso no admitía demoras ni protocolos.

Fuente: listindiario.com